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¿Cómo saber si mi hijo/a tiene dislexia? Señales según la edad

Foto del escritor: Clínica Gardner
Clínica Gardner
25 ago
7 min de lectura

Por Azahara Cañadas - Pedagoga y responsable del área de Pedagogía de Clínica Gardner


Si has llegado hasta aquí, seguramente es porque hay algo que te ronda la cabeza. Puede que sea la profesora, que ha dejado caer un "le cuesta más que al resto". Puede que seas tú, viéndole pelearse cada tarde con la lectura como si tuviera delante un jeroglífico. O puede que simplemente notes que algo no encaja, aunque no sepas ponerle nombre.


Niña con dislexia

Tranquila. Que busques información no significa que a tu hijo le pase algo. Significa que estás atenta, y esa es la mejor herramienta con la que puede contar un niño.

Vamos a verlo juntos, con calma y sin dramatizar. Porque la dislexia ni es el fin del mundo ni se detecta con un test que encuentres en internet. Pero hay señales, y cambian según la edad. Te las cuento.


Antes de nada: ¿qué es la dislexia (y qué NO es)?

La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta a la lectura y la escritura. Al niño le cuesta relacionar las letras con sus sonidos y, por tanto, descifrar y escribir palabras con la fluidez esperada para su edad.


Y ahora lo importante, porque aquí hay mucho mito suelto:

•⁠ ⁠No tiene nada que ver con la inteligencia. Hay niños/as disléxicos/as brillantes, creativos o con una capacidad de razonamiento alta. Simplemente su cerebro procesa el lenguaje escrito de otra manera.

•⁠ ⁠No es falta de esfuerzo. Ese niño o niña que "no se esfuerza" muchas veces se está esforzando el triple que sus compañeros para conseguir la mitad del resultado. Imagínate lo agotador que es eso.

•⁠ ⁠No se cura, pero se trabaja. Aunque es un trastorno permanente, es decir, para toda la vida, con una intervención adecuada, un niño/a con dislexia aprende a leer y a escribir y desarrolla estrategias que le acompañan toda la vida.


Dicho esto, pasemos a lo que te ha traído hasta aquí: las señales.


Señales de dislexia según la edad

La dislexia se manifiesta de forma distinta a los 4 años que a los 9. Por eso no existe una lista única, así que te la desgloso por etapas.


En Educación Infantil (3 a 5 años): las primeras pistas.


Aquí todavía no hablamos de dislexia como diagnóstico -el niño aún no lee formalmente-, pero sí podemos ver señales tempranas que conviene tener en el radar:

•⁠ ⁠Tardó en empezar a hablar o tiene un vocabulario más pobre de lo esperado.

•⁠ ⁠Le cuesta aprenderse canciones y retahílas ("cinco lobitos", los días de la semana...).

•⁠ ⁠No entiende los juegos de rimar palabras: no ve que "gato" rima con "pato".

•⁠ ⁠Confunde palabras parecidas o se traba al decirlas ("cocholate", "aminal").

•⁠ ⁠Le cuesta aprender los colores, los números o las letras de su nombre.

•⁠ ⁠Tiene lío para recordar secuencias: los días, los meses, contar del tirón.


Tranquilidad, ninguna de estas señales, por sí sola, significa dislexia. Pero si ves varias juntas y persistentes, es información valiosa para tener en cuenta más adelante.


En 1.º y 2.º de Primaria (6 a 7 años): cuando toca leer

Este es el momento clave. El niño empieza a leer de verdad y es cuando la dislexia suele asomar la cabeza.


Presta atención si:

•⁠ ⁠Le cuesta muchísimo aprender qué sonido hace cada letra.

•⁠ ⁠Confunde letras que se parecen (b/d, p/q) o que suenan parecido (m/n).

•⁠ ⁠Lee adivinando: mira "casa" y dice "coche" porque empieza por la misma letra.

•⁠ ⁠Se salta palabras, se inventa el final o cambia el orden de las letras.

•⁠ ⁠Lee muy despacio, silabeando, y se fatiga enseguida.

•⁠ ⁠Escribe con muchas faltas y muy inestables. Por ejemplo escribe la misma palabra de tres maneras distintas en la misma página.

•⁠ ⁠Y muy típico: adora que le cuenten cuentos, pero pone cara de sufrimiento cuando le toca leer a él.


Un apunte que tranquiliza a muchas familias: confundir o girar letras es completamente normal hasta los 7 años, más o menos. Es parte del aprendizaje. Lo que enciende la alarma es que persista en el tiempo y venga acompañado de otras señales. (Si tu duda es justo esta, te lo cuento en detalle en "Mi hijo confunde letras: ¿es dislexia?".)


De 8 años en adelante (a partir de 3.º de Primaria)

Si a estas alturas el desfase continúa, las señales se vuelven más evidentes:

•⁠ ⁠Lee con mucho esfuerzo, lento y sin entonación, aunque ya lleve años leyendo.

•⁠ ⁠Evita leer en voz alta a toda costa (y con razón: lo pasa mal).

•⁠ ⁠Entiende poco de lo que lee, no porque no razone, sino porque gasta toda su energía en descifrar cada palabra y no le queda "batería" para comprender.

•⁠ ⁠Tiene una ortografía muy irregular por mucho que la trabaje.

•⁠ ⁠Empieza el temido "mi hijo estudia mucho pero suspende": dedica horas, se lo sabe hablando, y llega el examen escrito y no lo demuestra.

•⁠ ⁠Y algo que me duele especialmente ver: empieza a decir que es "tonto" o que "para qué lo intenta". Cuando aparece esto, la autoestima ya está pidiendo ayuda a gritos.



¿Cómo se comporta un niño con dislexia?

Esto es algo que muchas familias no esperan, y quiero que lo tengas presente: la dislexia no se ve solo en el cuaderno. También se nota en el día a día, en casa y en el comportamiento.


Algunas cosas que suelo escuchar en las tutorías:

•⁠ ⁠Evita la lectura como si fuera el enemigo. Pone excusas para no leer, se "olvida" el libro, tarda una eternidad en sentarse a hacerlo.

•⁠ ⁠Se cansa antes de lo normal al hacer los deberes, sobre todo los que implican leer o escribir, aunque en otras tareas aguante perfectamente.

•⁠ ⁠Cambia de humor con los deberes. Ese niño alegre en el recreo que en la mesa de estudio se enfada, llora o se bloquea.

•⁠ ⁠Le va mejor lo oral que lo escrito. Cuenta las cosas genial hablando, participa en clase, pero en el examen escrito no refleja ni la mitad de lo que sabe.

•⁠ ⁠Con el tiempo, puede aparecer una sensación de "no valgo para esto". Y este es el punto que más me preocupa como pedagoga: no es un problema de comportamiento, es un niño que se está protegiendo de algo que le cuesta y le hace sentir mal.


Si reconoces este patrón, no es que tu hijo "tenga un carácter difícil" con los deberes. Es una señal, y merece que la escuchemos. Y si has llegado hasta aquí, quizá te interese profundizar un poco más sobre esta dificultad. Te dejo más información que te puede resultar útil:


¿Cuáles son los tipos de dislexia?

Aquí entramos en terreno un poco más técnico, pero te lo cuento sencillo porque ayuda a entender por qué cada niño/a necesita un abordaje distinto. Se suele hablar de tres tipos principales, según qué proceso lector falla más:

1.⁠ ⁠Dislexia fonológica: Cuesta especialmente relacionar las letras con sus sonidos. Es la más común y la que más dificulta leer palabras nuevas o inventadas.

2.⁠ ⁠Dislexia superficial (o visual): El niño lee bien palabras que "reconoce" de memoria, pero le cuesta con palabras irregulares o poco frecuentes, porque no automatiza bien la forma visual de la palabra.

3.⁠ ⁠Dislexia mixta: Combina rasgos de las dos anteriores. Es bastante habitual y suele requerir un trabajo más completo.


No te quedes con la etiqueta, quédate con la idea de fondo: no hay una sola dislexia, ni una sola forma de trabajarla. Por eso la evaluación no es un trámite, es la que nos dice a qué tipo nos enfrentamos y qué estrategias van a funcionar mejor con tu hijo o hija en concreto.


¿A qué edad se puede diagnosticar la dislexia?

Esta es de las preguntas que más me hacéis, así que vamos directas. El diagnóstico formal de dislexia suele confirmarse a partir de 2.º de Primaria, en torno a los 7-8 años.


¿Por qué no antes?

Porque hasta esa edad, confundir letras, leer despacio o dudar con las sílabas es parte normal del proceso de aprender a leer. Diagnosticar demasiado pronto puede llevar a errores: muchos niños/as simplemente necesitan más tiempo, sin que eso signifique dislexia.

Pero si se puede detectar riesgo de dislexia, ya que el mejor método para superar la dislexia es iniciar una intervención preventiva a partir de los 4-5 años en la totalidad del aula, lo cual, además de potenciar el aprendizaje lectoescritor de todo el alumnado, impide que la dislexia genere un desfase importante en aquellos niños/as que se encuentran en situación de riesgo.


¿Y quiénes están en “riesgo”?

Además de aquellos que hemos comentado, que presentan síntomas de dislexia en educación infantil, también hay que prestar especial atención a aquellos niños o niñas que tienen antecedentes familiares de dificultades de aprendizaje, y aquellos que presentan o han presentado problemas en el desarrollo y adquisición del lenguaje oral.


Como decía, que el diagnóstico llegue más adelante no significa que haya que cruzarse de brazos hasta entonces. Desde Infantil ya podemos y debemos:

•⁠ ⁠observar y anotar las señales tempranas que veíamos antes,

•⁠ ⁠reforzar la conciencia fonológica con juegos (rimas, sonidos, segmentar palabras),

•⁠ ⁠y, si hay varias señales persistentes, iniciar una valoración temprana que, aunque no cierre un diagnóstico definitivo, sí permita empezar a intervenir.


Mi recomendación de siempre: no esperes a tener la etiqueta para empezar a ayudar. Se puede -y se debe- trabajar cuanto antes.


Entonces, ¿tiene mi hijo dislexia?


Voy a ser sincera contigo, que para eso estamos: esto no lo puedes confirmar tú desde casa, ni yo desde un artículo. Y desconfía de quien te lo diga en cinco minutos.

La dislexia se confirma con una evaluación psicopedagógica completa, hecha por un profesional, que valora la lectura, la escritura, el lenguaje y otras funciones, y que descarta otras causas. Solo así sabemos qué le pasa exactamente a ese niño/a en concreto -porque no hay dos niños con dislexia iguales- y podemos diseñar la ayuda adecuada.


Y aquí va lo más importante: cuanto antes, mejor. No para etiquetar, sino todo lo contrario. Detectarlo pronto significa poner las herramientas a tiempo, evitar años de frustración y proteger algo tan valioso como que tu hijo/a siga confiando en sí mismo. La dislexia no desaparece por esperar; las estrategias, sin embargo, funcionan mejor cuanto antes llegan.


Así que si después de leer esto has ido asintiendo con la cabeza más de una vez, no lo dejes aparcado "a ver si con el curso mejora". Consúltalo. En el peor de los casos, te quedas tranquila. Y en el mejor, le cambias el rumbo a tu hijo/a.


¿Reconoces a tu hijo en varias de estas señales?

En Clínica Gardner realizamos evaluaciones psicopedagógicas individualizadas para saber con exactitud qué está ocurriendo y, si hay dislexia o riesgo de dislexia, diseñar una intervención adaptada a tu hijo o hija, a su edad y a su forma de aprender. Sin etiquetas apresuradas y sin alarmismos: con criterio y experiencia.


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Sobre la autora

Azahara Cañadas es pedagoga, cofundadora de Clínica Gardner y responsable del área de Pedagogía. Trabaja a diario acompañando a familias y niños con dificultades de aprendizaje, TDAH, dislexia y evaluación psicopedagógica, además de su labor como orientadora en el ámbito escolar.

 
 
 

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